
El 14 de febrero de 1929, la ciudad de Chicago fue testigo de uno de los acontecimientos más atroces dentro del mundo criminal de aquel entonce: la Matanza de San ValentÃn, con la cual se llegó a un nivel de violencia nunca antes visto.
Al Capone, su orquestador, se impuso como el principal distribuidor de alcohol, a la vez que puso punto final a una cadena de venganzas iniciada cinco años antes, a raÃz de la Ley Seca.
Originalmente, ni Capone ni Bugs Moran, lÃder de la banda exterminada, tenÃan nada que ver, sino los jefes de ambos: John Torrio, mentor de Capone, y Dion O’Banion, quien dividÃa su tiempo entre contrabandear alcohol y confeccionar arreglos florales.
Todo inició en el momento que Torrio, en su intento por apaciguar el conflicto que sostenÃa O’Banion con los hermanos Genna, le sugirió al primero comprar su cervecerÃa con tal de que abandonara Chicago. Aceptó, a sabiendas de que en la cervecerÃa habrÃa una redada en los próximos dÃas. Era un negocio seguro.
Con la muerte de O´Banion quedaba un espacio libre que sus hombres no dudaron en ocupar. Un tal Hymie Weiss y Bugs Moran fueron los nuevos lideres, y desde entonces los atentados contra Capone se sucedieron uno tras otro.
Torrio sentenció alejarse por unos meses de Chicago y dejó a Al Capone al frente de los negocios de alcohol y prostitución. Los roces siguieron entre ambas bandas; sin embargo Al Capone tenÃa un punto a su favor: era carismático. Los periódicos lo trataban como héroe. En general, los gansters no eran vistos como una amenaza, sino como unos benefactores que combatÃan una absurda Ley Seca. SEGUIR LEYENDO ….

















































